lunes, 21 de octubre de 2013

La causalidad en la Magia: A Efectos mágicos, causas ilusorias - por Eduardo Coffman

La causalidad en la Magia: A Efectos mágicos, causas ilusorias

Retrocedamos a mediados del siglo XIX, Francia. Estamos sentados en una de las primeras filas de un teatro victoriano reservadas a la realeza (puestos a imaginar…) viendo una función de física recreativa (así se llamaban a las sesiones de ilusionismo) cuyo anfitrión es, nada más ni nada menos que Robert Houdin, padre de la magia moderna. El acto llega a su fin con la ilusión más esperada por los asistentes: “El Naranjo” (nota 1). Tras la finalización del mismo, no se oyen aplausos, sólo un leve murmullo de los asistentes. En la fila de atrás hay una mujer que pregunta a su acompañante -“¿Cómo lo ha hecho?” “No lo sé, querida. Debe de tener poderes”– le responde él. 


Esta última frase era la explicación más común y plausible para los afortunados espectadores de dichas sesiones, donde los efectos que presenciaban no tenían ninguna otra solución posible que lo paranormal. Hoy en día nos preguntamos con suma sorpresa, cómo podían caer en tales razonamientos, pues para los profanos, hoy en día, la magia e ilusionismo no son más que un conjunto de triquiñuelas y argucias aderezadas con un poco de psicología y labia. (Aunque para nosotros, los magos, represente mucho más que un simple engaño).
Os propongo otro viaje, esta vez más cercano, año 2012. Anne Germain (una famosa farsan… digo clarividente) está de gira en España, y tal y como hicimos para la sesión de Houdin también hemos cogido entradas en las mejores butacas. La sesión espiritista finaliza cuando una mujer desconsolada baja del escenario tras creer que Anne Germain se ha puesto en contacto con su esposo fallecido. De nuevo no se oyen aplausos, tan sólo un leve murmullo de los presentes. En la fila anterior están sentadas dos hermanas que están de acuerdo en admitir que tiene un don sobrenatural. 

A ambos espectáculos sólo los separan siglo y medio de historia con todo lo que esto conlleva: revoluciones industriales, progresos científicos, es decir, una evolución en la mentalidad de la población. Pero aun así, parece ser consistente, común e inherente un tipo de pensamiento a todos los seres humanos que va evolucionando con nosotros mismos y que a su vez, se relaciona con el aprendizaje causal. 

Desde que somos pequeños aprendemos que el mundo que nos rodea funciona por causa-efecto, sin comprender realmente el método que subyace a tal proceso. Por ejemplo, un niño de 4 años sabe que si aprieta el botón 3 del mando a distancia (causa) conseguirá cambiar el canal de televisión (efecto), tal y como si fuera una varita mágica. Pero el niño ignora cómo funciona dicha tecnología, por lo tanto le otorga ciertos y misteriosos poderes. Chandler y Lalonde (1994) y Phelps y Woolley (1994) confirmaron que niños entre 4 y 8 años recurren frecuentemente al término magia cuando se encuentran ante un fenómeno del cual no tienen una explicación física, desarrollando de este modo un pensamiento mágico. Karl Buler, ya en 1930, describió la infancia como un periodo de cuentos de hadas, donde los niños realmente creen en duendes y gigantes. Subbotsky (1995) basándose en un estudio anterior (Harris y cols., 1991), reunió a niños de edades comprendidas entre los cuatro y siete niños, a los cuales les contó, individualmente, una historia sobre una mujer que era capaz de convertir imágenes en objetos reales con una caja que estaba presente. Después preguntó a los niños si creían que esto era posible en la vida real y la mayoría de ellos negaron esa cuestión. Lo curioso sucedió cuando el experimentador abandonó la sala “para atender una llamada” y dejó al niño sólo ante la caja, el resultado fue que más del 90% de los niños intentaron convertir fotos en objetos reales y se encontraron tremendamente decepcionados cuando esto no sucedió.
Para muestra, una sección que tiene el programa del Hormiguero, presentado por Pablo Motos, en la cual, se realizan cámaras ocultas a niños y ponen a prueba su capacidad de imaginación y su pensamiento mágico. (Nota 2) 

Si bien es cierto que los niños son más propensos a generar pensamientos irracionales, los adultos no están libres de caer en este tipo de creencias. Un ejemplo típico de pensamiento mágico en adultos son las supersticiones. En un experimento de Jahoda (1969) colocaron una escalera cubriendo el ancho de una acera y registraron la conducta de los viandantes. El resultado fue que de 51 viandantes registrados, 37 prefirieron sortearla asumiendo el riesgo de ir por la carretera antes que pasar por debajo de ella.
Resulta más curioso este tipo de pensamiento en adultos, pues los niños, al fin y al cabo no han completado su maduración cognitiva, por lo tanto, tal y como se apuntaba anteriormente, son más propensos a desarrollar ilusiones causales.
 

Existe un artículo (el cual recomiendo al que esté interesado en este tema, pues sólo voy a describir el último experimento del mismo) de Eugene Subbotsky (2004), en el cual se pretende averiguar si la creencia escéptica de una muestra de adultos ante la magia persiste no sólo en sus juicios verbales sino también en su comportamiento. El experimento constaba de dos fases. En una de ellas el experimentador introducía una postal en una caja previamente examinada por los participantes. A continuación realizaba tres acciones, que eran vistas por todos los participantes, a modo de gesto mágico: (a) encender un aparato que emitía sonidos y ruidos, (b) cortar un papel con tijeras y (c) hacer un rollo con plastilina. Tras la finalización de los mismos, el experimentador pedía a los participantes que mirasen cómo había quedado la postal. Éstos encontraban que la postal estaba partida por la mitad. Para continuar, se les pidió su opinión a través de una serie de preguntas y la mayoría de los participantes afirmaron que no sabían cómo podía haber ocurrido pero que probablemente existiera una variable que desconocían como por ejemplo, ondas supersónicas que provocasen la ruptura del papel. También se les preguntó acerca de los gestos pidiéndoles que detallasen cuál de los tres podía propiciar la ruptura de la postal. Contestaron que los gestos más relevantes eran: encender el aparato de emisión de ruidos y sonidos y cortar el papel en dos. Esto da entender que existe una especial relevancia cuando un mago realiza un gesto mágico, pues cuanto más congruente sea el gesto con respecto al efecto, transmitirá mucho más al público y potenciará el efecto mágico.
En la segunda fase el experimentador pidió la licencia de conducir de los participantes para repetir el efecto metiéndola en la caja en lugar de la postal, y es en este punto donde está lo interesante del experimento, pues los participantes mostraron una actitud escéptica en la primera fase hasta que vieron el efecto producido sobre la postal; a partir de ese momento, muchos elaboraron conjeturas varias buscando una posible solución, es decir, no creían que fuese magia pero atribuyeron el efecto a una causa externa, la cual quizá podía ser más absurda aún. En esta segunda fase en la que se les pidió el carnet de conducir, prácticamente todos los participantes se negaron a que el experimentador realizase de nuevo las acciones (encender un aparato que emitía ruidos y sonidos y cortar un papel en dos), pues no sabían cómo, pero éstas podían ser la causa de que la postal, y su carnet de conducir, se rompiese. Por lo que a pesar de su escepticismo mostrado verbalmente, su comportamiento denotó que habían elaborado una ficción de lo que había sucedido realmente. ¿Es esto tan diferente a lo que sucedía hace siglo y medio en los teatros de media Europa? 

Este estudio demuestra que los seres humanos ante un hecho inexplicable tratamos de buscar la solución más plausible al efecto que acabamos de presenciar. Quizá debido al contexto donde se realizó (un laboratorio), los participantes elaboraron teorías como atribuir la rotura a los ultrasonidos (soluciones más sofisticadas), pero si se hubiese celebrado en una casa encantada, a media noche y con luna llena, quién sabe, quizá ahora podríamos estar hablando de fantasmas y espíritus como la causa más probable. 

Nota 1: Secuencia de la película del Ilusionista donde se reproduce la ilusión del naranjo.
http://www.youtube.com/watch?v=6pC3dWLMmZ4



Nota 2: Cámara oculta realizada por el equipo del Hormiguero.
http://www.youtube.com/watch?v=Uq_wHC1nde8

Referencias
Jahoda, G. (1969). The psychology of superstition. London: Penguin.

Subbotsky, E. (1985). Preschool children’s perception of unusual phenomeno. Soviet Psychology, 23, 3, 91-114.

Harris, P.L., Brown, E. Mariott, C., Whittal, S. & Harmer, S. (1991). Monsters, ghosts, and witches: Testing the limits of the fantasy-reality distinction in young children. British Journal of Developmental Psycholoy, 9, 105-123.

Subbotsky, E. (2004). Magical thinking in judgments of causation: Can anomalous phenomena affect ontological causal beliefs in children and adults? British Journal of Developmental Psychology, 22, 123–152. 

1 comentario:

  1. Interesante propuesta como estudio de la mente del espectador, pero considero que preguntar al espectador en magia (no a nivel laboratorio) no es válido pues se consigue que el espectador "rebobine" cosa que además al tener que hacerlo fríamente para contestar se le rompe esa atmósfera mágica creada en el "acto" y que su mente poco a poco la transformará en MAGIA.

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