Serie dedicada a los monitores del Gimnasio de los Dos Ríos
Muchas noches cruzamos juntos Gabriel y yo, y al día siguiente aun teníamos energía para continuar con las ideas que habíamos dejado al amanecer, bajo montañas de cartas y colillas.
Pero llegó un momento en el que las ideas del final de la noche, allí se quedaban, y al día siguiente eran solo humo. Nuestros caminos comenzaron a separarse. Me daba cuenta que de seguir así íbamos a convertirnos en ilustres borrachos contando batallitas a las nuevas generaciones, una idea que no me resultaba atractiva, así que huí de ese destino y acabé por el mundo haciendo de estatua, hasta caer en Santiago, un buen lugar para quedarse, entre sus dos ríos.
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